Estadísticamente nos pasamos del orden del 58 al 78% de nuestro tiempo en el interior de una casa o edificio. Trabajamos en oficinas y vivimos entre paredes. Independientemente de los niveles de contaminación exteriores, la calidad del aire que respiramos en interiores afecta, y no poco, a nuestra salud y modo de vida.  

Esto justifica a las claras que debemos de poner un poco de cuidado en la calidad del aire.  

Pero, aunque en buena medida esto va a depender de una buena o mala ventilación, otro factor a tener en cuenta es la eficiencia energética. ¿Debemos beneficiar la ventilación en detrimento del ahorro energético? Veamos qué elementos nos pueden ayudar a decidir. 

Ventilación natural o ventilación mecánica 

La ventilación es el aporte de un caudal de aire exterior suficiente y la expulsión del aire viciado. Esta puede ser natural o mecánica. La natural no es más que la entrada y salida del aire a través de puertas y ventanas.  

Pero como este tipo de ventilación no nos permite regular la temperatura, solemos recurrir a la ventilación mecánica. La ventilación con máquinas que impulsan el aire exterior a través de conductos hacia el interior es el método más común en oficinas y edificios de toda índole.  

En la ventilación natural no concurre ningún tipo de energía y en la segunda, la energía es lo que mueve el sistema.  

Cada día vemos como el precio de la energía sube y hoy más que nunca debemos ser cautos y no gastar más de la necesaria. Por eso nos aseguramos de que nuestros edificios sean herméticos. De esta forma es menos costoso mantener una temperatura constante. 

El problema de esto es que muchas veces se recurre a reciclar el aire que respiramos en vez de impulsar aire nuevo del exterior al interior. La consecuencia es que el aire no se renueva y la calidad del aire baja exponencialmente. 

 

Una mala ventilación hace que un edificio enferme 

Cuando más del 20% de los ocupantes de un edifico se quejan de la calidad del aire, podemos afirmar que se trata del Síndrome del edificio enfermo 

Las causas de esta enfermedad son múltiples. En lo que respecta a la ventilación esta puede ser insuficiente debido a la falta de mantenimiento, distribución deficiente y entrada insuficiente de aire fresco. A esto se añade la contaminación microbiológica en agua estancada de los conductos del propio sistema.   

No hace falta tener herramientas de gran precisión para medir la calidad del aire. El ser humano es sensible a casi 500.000 efectos olfativos e irritantes de productos químicos. Es decir, nuestro olfato es el que nos va a decir si el aire que respiramos es bueno o malo en la mayoría de los casos.  

 

Caracterización del olor 

Caracterizamos un olor en base a 3 parámetros: el umbral, la intensidad y la calidad.  

El umbral de un olor es la concentración mínima de una sustancia para provocar un estímulo en seres humanos. Se definen diferentes tipos de umbrales de olor como el de detección del olor, reconocimiento de olor o umbral de molestia por olor. Se expresa en porcentaje acorde con el número de personas que lo detectan sobre cien individuos. 

  La intensidad tiene que ver con el nivel de concentración de dicho olor. Es la medida de la fuerza de dicho estímulo. 

Finalmente, la calidad es el término descriptivo con el que identificamos un olor. Puede ser dulce, cítrico, mohoso etc. 

 Para terminar y a partir de lo expuesto podemos decir que, en aras de proteger la salud y el bienestar de un local o edificio y sus ocupantes, debemos hacer caso a nuestro olfato y proceder a la limpieza y mantenimiento de los conductos de aire acondicionado.